Vivir mi fe...
Puede que estas líneas sean leídas, puede que no lo sean, puede que obtenga crítica y que se denomine el camino que estoy siguiendo como errático, sin embargo, tomaré el riesgo de enfrentarme a la crítica, sea ésta bondadosa y férrea como la vara que golpea al rebaño a la hora de pastar.
Desde pequeña fui muy creyente, y por creyente me refiero, a que iba a la iglesia cada domingo sin falta, celebraba las santas festividades sin perderme ninguna, de hecho me encantaba andar entre las procesiones, las alabanzas, los cánticos, los ritos eclesiásticos, etc. Recuerdo incluso un día, en que tendría menos de 10 años, que estaba sumamente aburrida en casa, era día de semana y no había mucho por hacer, más encima, estaba enferma, por lo que no asistía al colegio, ni tampoco podía jugar con mis primos. Ese día no encontré mejor distracción que un buen libro (Desde pequeña me encantaba leer todo cuando tuviera a la mano); fue así que de alguna manera que no recuerdo claramente, terminé con la biblia entre mis manos.
Y leí, leí y seguí leyendo desde la primera página hasta la última, algunas historias se me hacían familiares por el curso de religión, habían partes que no entendí por mi edad y por la forma de escribir, pero al finalizar, dos días después, me sentí en calma, era en mi tierna edad, una gran proeza haber leído el "libro de la palabra de Dios".
Recuerdo como mi primer quiebre de "creencia", una clase en primaria, la profesora, (Dios la cuide siempre, tengo algunos buenos recuerdos de ella), estaba impartiendo clase sobre las virtudes que Dios otorga, no recuerdo por qué salió a mención la asistencia obligatoria a misa los domingos, y una a una, mis compañeras y yo fuimos cuestionadas por nuestra asistencia a misa el último domingo (por cierto, estudié en colegio de monjas), asombrosamente casi todas respondimos que sí; el asunto fue cuando llegó el turno de una niña a la que llamaré "Vania" (No quiero usar su nombre real), cuando llegó su turno y la maestra preguntó, de repente ella se puso a llorar.
Particularmente yo no pude despegar la mirada de la escena, todas nos preocupamos, nos conocíamos incluso desde nido (kinder garden), "Vania" tenía la cara roja, sus ojos derramaban lágrima tras lágrima y su cabeza estaba gacha, avergonzada y triste murmuró un "No, señorita, no fui, pero ya no lo volveré a hacer".
Como respuesta, la profesora atinó a palmearle la cabeza, y notando que todas las demás estábamos con la mirada fija en nuestra compañera, la abrazó y dijo; "Ya ya... ahí lo tienen ¿Ven? eso es temor de Dios"
OK... particularmente he de decir que ninguna de nosotras faltó a misa el siguiente domingo, pero aunque en ese momento no me detuve a reflexionarlo, hoy, que ya soy adulta, traigo a colación ese recuerdo, y lo pongo en "neutro", es decir, me olvido que se trataba de una maestra y que se trataba de una amiga que conozco, son dos personas, una adulta, una niña en medio de 25 niñas más........... y digo.... ¿En serio esa niña estaba tan empanicada de no haber ido a misa que reaccionó de esa manera? y la maestra ¿En serio en lugar de consolarla y calmarla le dijo que ese "pánico" era "temor de Dios"? (Y de paso nos metió el "mensaje" a todas nosotras).
Entonces cuestiono, ¿Cuántas veces siendo niños nos "obligan" o nos "guían" a vivir nuestra fe de determinada manera? ¿Quien escoge cuál es la manera correcta? ¿Y quien es lo suficientemente "moral", para decidir por uno, lo que irónicamente "otros" decidieron por él (o ella) tiempo atrás?.
Personalmente provengo de una familia muy "religiosa", pero que a mi juzgar, acude a misa por las razones equivocadas, acuden a cada misa de salud, misa en recuerdo de la muerte de alguien, misa por cumpleaños, misa por eso, misa por aquello, ok... GENIAL, genían sería si asistieran con ese sentido de unidad al que llama la reflexión en Dios, pero no, así como muchas personas, asisten en discusión, asisten enfadados los unos con los otros, y sorprendentemente "se adoran" en el momento de darse la paz, realmente es asombroso ver que la paz llega y se va como el aire que se inhala, una vez que el cántico respectivo finaliza, termina, y al salir de la misa ni se hablan y cada quien a su casa.
La misa, es un rito eclesíastico que rememora la última cena de Cristo Jesus con sus apóstoles antes de su entrega y posterior sacrificio, en el que los creyentes escuchan la palabra de Dios y reflexionan sobre ella y sobre su desempeño en el día a día de sus vidas; pero al menos en lo que a mí me ha tocado ver, (Salvo algunas excepciones), muchas personas acuden a ella por las razones equivocadas (Como ya mencioné).
Vivir la fe cristiana, a mi manera de ver las cosas hoy, implica mucho más que saberse los "Preceptos"; conocerse los "Pasos" o las "reglas" de la religión, vivir la fe es mucho más profundo que ello, más profundo que sentarse en una banca a escuchar como un sacerdote habla si en realidad no entendemos lo que está diciendo, va más allá de "entender" lo que se escucha y no practicarlo, más allá de "golpearnos el pecho" en espera de absolución.
Cristo nos vino a reconciliar con el padre, por Cristo Jesús nos unimos al padre nuevamente gracias al amor, Vivir la fe, a mi manera de escoger este camino, es eso, vivenciar ese amor, creer que la unidad es posible, creer que la paz se puede lograr, festejar la unión de la que somos partícipes, que nos identifica como miembros de una comunidad, es sentirse en paz primero con una misma, ser libres de expresar nuestra paz hacia los demás y contagiarlos, vivir la fe es no temer, porque Dios no castiga, Dios no odia ni aguarda por los errores para juzgarlos, por el contrario a todo ello... Dios AMA, nada malo puede esperarse de él, porque en su esencia no cabe la maldad, ni la desesperanza, ni el odio.
Cristo nos vino a reconciliar con el padre, por Cristo Jesús nos unimos al padre nuevamente gracias al amor, Vivir la fe, a mi manera de escoger este camino, es eso, vivenciar ese amor, creer que la unidad es posible, creer que la paz se puede lograr, festejar la unión de la que somos partícipes, que nos identifica como miembros de una comunidad, es sentirse en paz primero con una misma, ser libres de expresar nuestra paz hacia los demás y contagiarlos, vivir la fe es no temer, porque Dios no castiga, Dios no odia ni aguarda por los errores para juzgarlos, por el contrario a todo ello... Dios AMA, nada malo puede esperarse de él, porque en su esencia no cabe la maldad, ni la desesperanza, ni el odio.
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